ALARIDOS

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Cuando ella lo golpea él parece un roble que reproduce el eco de una palmada. El color de su rostro sí que cambia. No al rojo por el tacto de la mano que, im-pulsada hacia delante, lo ha tocado. Esa mejilla, y la otra, y la frente y su cuello se vuelven del gris blancuzco de la ceniza.

 

Ella sin embargo, da alaridos de alegría, porque la alegría cuando se enferma, ladra y también muerde.

 

ESPIRAL

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Ella pierde el sombrero porque el viento, como un emisario de la distancia, lo aleja. Antes los zapatos han saltado de sus pies durante la carrera y se han vuelto parte del polvo. Todo, zapatos y polvo y sombrero, de un color fangoso que pareciera con una vida propia y voraz

 

vuelan en espiral hacia la ausencia.

 

GOLPE

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Él no mira el partido frente a sus ojos en la televisión. No lo mira aunque podría parecer que sí. No lo mira aunque es un fanático del futbol al que cualquier par-tido lo entusiasma. Mira adentro, en su paisaje interior, donde ya no tiene su estatura sino que se va empequeñeciendo después de que

 

un golpe no de pierna sino de inteligencia lo dejó inerte frente a la pantalla. Y ella se marchó.

 

GRIETA

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Ella se ve a sí misma en la filmación. Fue durante unas vacaciones, diez años atrás que parecen no una década de tiempo sino de distancia. Entonces amaba y no había más sombra en su rostro que la de una rama. Ahora

 

una grieta in-sondable en el pecho deshoja la Margarita.

 

PASOS

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Ella cuando duerme se sueña de pie, tan sólida y erguida como una columna movible. Es más, se sueña caminando. A veces, incluso, corriendo. Entonces el espacio le resulta cercano y a la vez infinito.

 

Cuando despierta, todo se aleja y se detiene. Los pasos son lentos y circulares. Sólo un punto permanece. Sobre el que danza vertiginosamente. La ausencia la alcanza.

 

PÉTALOS

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Él trae un ramo de flores como quien trae un estandarte. Lo entrega con brus-quedad. Y la mano que lo recibe aprieta los tallos como si apretara los eslabo-nes de una cadena.

 

¿Y los pétalos ante tanto desamor a dónde fueron a parar? En qué corazón receptivo se ha posado el olor?

 

RITUAL

 

Francisco Garzón Céspedes

 

Mayda Bustamante Fontes

 

Ella se coloca el broche. Es un pavorreal. En el espejo se contempla el rostro y deja que su mano izquierda ruede desde el pelo para encontrar la derecha. Con la derecha encima del pecho acaricia el broche. Cuando las dos manos se unen en su ritual, arranca el broche como se arranca la maleza y

el rostro se transfor-ma en fiera. Las manos adquieren otra dimensión: las uñas se alargan hasta el infinito y perforan cada poro de su cuerpo. La algarabía comienza. Los buitres danzan sobre su cabeza. Se produce la entrega.