Studia E. Cuadrado, AnMurcia, 16- 17, 200 1-2002, págs. 35 1 -364
LA DISTRIBUCION DE LAS VILLAS ROMANAS EN LA PROVINCIA DE ALBACETE
Rubí Sanz Gamo
Museo de Albacete*
RESUMEN
La distribución de las villas romanas está sujeta a variables en relación con la configuración del paisaje y los recursos económicos, los ejes de comunicación y la ubicación de las ciudades.
Palabras clave: Villa, paisaje, economía, vías de comunicación, ciudades.
ABSTRACT
The distribution of the roman villas is subjet to variables in relation to the eco-
nomic conf guration af the landscape and resources, the comunication axes and the
location of the cities.
Key words: Villa, landscape, economy, routes of comunication, cities.
* Parque de Abelardo Sánchez, s/n, 02002 Albacete; e-mail: rubis@jccm.es
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Cuando Gorges publicó la relación de villas roma-
nas en Hispania, la provincia de Albacete era un apa-
rente desierto, muy pocos lugares habían sido publica-
dos como tales (Sánchez Jiménez, 1947; Santos Gallego,
1977 a y b), los registros de otros eran sumamente frag-
mentarios, y el desconocimiento global del conjunto
del territorio durante la época romana no permitía
mayores conjeturas (Gorges, 1977). A esas referencias
se añadieron otras nuevas (Santos Gallego, 1982) y el
comienzo de un tiempo, marcado simbólicamente por
la celebración del Congreso de Historia de Albacete en
1983 pero también por la asunción de competencias
por parte de la administración regional, a partir del cual
se daba entrada a nuevas investigaciones cuyos resulta-
dos actuales son los de un amplio listado que supera el
centenar de lugares catalogados, continuamente
aumentado por nuevas prospecciones superficiales.
Paralelamente, en los últimos años el inicio de las exca-
vaciones en El Tolmo de Minateda (Hellín) y en
Lezuza, así como el estudio de las inscripciones roma-
nas halladas en Albacete, han evidenciado la presencia
de tres ciudades de las que, antes, sólo se conocía la de
Libisosa (Lezuza). Como resultado de los trabajos en El
Tolmo de Minateda (Hellín) la Ilunum de Ptolomeo
hay que situarla en ese lugar, a la que se suma la exis-
tente en Los Villares de Elche de la Sierra a partir de la
lectura del epígrafe donde se cita a la curia (Abascal,
1990). Al territorio de estas tres ciudades se vinculaban
una parte de las villas registradas, mientras que otra hay
que relacionarla con los municipios próximos de
Laminio (Alhambra) y Mentesa (Villanueva de la
Fuente) en la provincia de Ciudad Real, y a Egelasta
(Iniesta) en la de Cuenca.
El número de asentamientos rurales computado
hasta la fecha es ya elevado, como se ha indicado más
arriba, genéricamente se engloban bajo el epígrafe de
villas, nominación que como ya señaló Fernández
Castro (1982, p. 23) encierra una dualidad entre la resi-
dencia señorial y la construcción agrícola. Esta ambiva-
lencia es la contemplada aquí, donde seguramente haya
realidades diferentes, aunque complementarias, con un
denominador común: el de ser una construcción levan-
tada en el campo, cercana o alejada de la ciudad. En el
territorio de la actual provincia de Albacete estas edifi-
caciones, en general, responden a patrones que genera-
ron una más alta concentración en las comarcas más
irrigadas, especialmente en La Manchuela y en la de
Hellín-Tobarra, que, además, son las que ofrecen suelos
más fértiles e, incluso, microclimas más cálidos, y evi-
tando las zonas montuosas menos accesibles y fértiles,
un comportamiento observado en otras zonas peninsu-
lares como el altiplano granadino y también en el valle
del Tajo a su paso por la provincia de Toledo
(Fernández Miranda et alii 1990). Por otra parte, estas
tierras están atravesadas por dos importantes ejes via-
rios: la ruta entre Complutum y Carthago Noua, y el
eje transversal que, desde el levante peninsular, alcanza-
ba las tierras de la Bética y la Lusitania.
Los rasgos distintivos en la distribución territorial
encuentran como una de las explicaciones una variedad
paisajística y peculiar, con comarcas naturales con pro-
fundas diferencias geográficas y de recursos agrícolas. El
sector nor-noreste, atravesado de oeste a este por el río
Júcar y sus afluentes, configura una fértil comarca natu-
ral, la Manchuela, en cuyo septentrión se sitúa la ciu-
dad de Egelasta de la que Plinio ponderó sus sales,
donde el Arroyo de Abengibre constituyó un camino
natural entre esa ciudad, el manantial salino de
Fuentealbilla, y Saltigi (Chinchilla, Albacete). En la
zona se han señalado tres tipos de yacimientos: los
situados en los bordes de los cursos fluviales que apro-
vechan las vegas del Júcar y de sus afluentes el Cabriel
y Arroyo de Abengibre; los interiores y los ubicados al
pie de pequeñas elevaciones que tuvieron un pobla-
miento ibérico anterior (Abad y Sanz, 1999), favoreci-
dos ambos por el microclima general de la zona, con
agricultura de tipo cerealista. La explotación de la sal
propició la multiplicación de asentamientos rurales a
partir del siglo 1 en torno al citado Arroyo: la Casa de
la Gallega (Cenizate), el Vallejo de la Viña (Abengibre),
Los VillaresIEl Ardal (Fuentealbilla), y más al este
Zulema (Alcalá del Júcar) a la par que, en relación con
la explotación del fértil valle del Júcar, el margen
izquierdo se pobló en los lugares de El Batanejo
(Villalgordo), La Casa de la Zúa, Casa Vieja y la Casa
de los Guardas (Tarazona), y en torno al Cabriel en La
Vereda y El Cilanco en Villatoya.
El sector occidental de la provincia lo forma el pai-
saje alomado del Campo de Montiel, entre los 800 y los
1 O00 metros de altura, con orografía rica y variada: las
Lagunas de Ruidera, nutridas por pequeños cauces de
dirección este-oeste, donde el río Pinilla es el nacimien-
to geográfico de las mismas y en cuyos contornos debió
situarse Caput jZuminis Anae; los ríos Córcoles y
Sotuélamos, de amplias terrazas fluviales tienen un
modelo de explotación basado en las grandes extensio-
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nes; el río de Lezuza, que se pierde en la llanura man-
chega; en el límite meridional el río del '~ardín y la
Laguna de los Ojos de Villaverde; a los cauces se afiaden
los navajos de aguas estacionales. La distribución del
poblamiento estuvo marcada por una parte por la pre-
sencia de esas zonas acuosas, por otra por los ejes viarios
de comunicación entre amplias zonas peninsulares, el
denominado Camino de Aníbal entre las tierras levanti-
nas y la Bética, y la vía entre las ciudades de Levante y
Emérita con un ramal hacia Toletum. En la línea geo-
gráfica El Bonillo-El Ballestero debió estar la división
territorial entre Laminio y Libisosa. A la primera se vin-
cularon las villas de Casa de Los Sanchos (El Bonillo),
La Pasadilla (Villarrobledo) y El Ojuelo de Cobatillas
(Viveros), así como las registradas en torno a las Lagunas
de Ruidera: la Loma de Montesinos, el Cerro del
Almorchón, y seguramente el Castillo de Rochafrida
(Ossa de Montiel), lugar de hallazgo de la inscripción de
Marco Ulpio, tabulario en diversos lugares (Abascal,
1990, p. 61). En el cauce abierto por el río de Lezuza se
ubicó la ciudad de Libisosa, que marcaría el dominio del
territorio oriental de la Oretania (Sanz, 1977), la con-
centración rural se ha registrado en la cercana pedanía
de Tiriez. En el cauce del Jardín el valle se ensancha en
la Laguna de los Ojos de Villaverde, cuyos contornos
ofrecen materiales de necrópolis o villa (Abascal y Sanz,
1993, p. 38, 101). En el extremo opuesto del valle, al
oriente donde el Jardín se une con los ríos Balazote,
Mirón y Don Pedro, está la villa de Balazote, al sur del
tramo viario entre Parietinis y Libisosa.
La planicie de Los Llanos, de 700 metros de altitud,
se caracteriza por la ausencia de elevaciones y por el
fenómeno endorreico que ha dotado al subsuelo de
importantes reservas de agua, en un terreno cuya prin-
cipal fisonomía es la sequedad, y donde la distribución
del poblamiento es reducida, cercana al eje de comuni-
cación entre Saltigi y Libisosa. Las lagunas del
Acequión y del Salobral aglutinaron sendas villas, una
junto a la primera laguna, otra cercana a la segunda en
Los Torreones (Abascal y Sanz, 1993, p. 68). Los Llanos
estaban atravesados de este a oeste por el Camino de
Aníbal y la Vía 31 del itinerario de Antonino entre
Saltigi y Libisosa, con la mansio de Parietinis y, al sur,
la villa de Santa Ana de Abajo. El reborde meridional de
Los Llanos presenta elevaciones de hasta mil metros,
enlazando con las tierras del Campo de Hellín, en un
paisaje surcado por ramblas procedentes de las estriba-
ciones orientales de la Sierra de Alcaraz, donde los asen-
tamiento~ son raros, como el del Royo en Peñas de San
Pedro (Noguera, 1994, p. 163). Más al este, discurre un
tramo de la vía entre Complutum y Carthago Noua al
este de la laguna de Ontalafia. Al este de Los Llanos de
Albacete la Sierra de Chinchilla configura un paisaje
limitado al norte por la Cuerda de la Doblada, con los
Altos de Alatoz y Carcelén, de donde parten numerosas
ramblas en dirección al Júcar; por el sur se abre un
amplio corredor con zonas lagunares (Pétrola,
Salobralejo, La Higuera, El Saladar) como prolonga-
ción del Corredor de Almansa, que constituyen el pai-
saje meridional visualizado desde la Sierra del Mugrón.
Junto a estas lagunas cauces menores articularon el
poblamiento: en la Rambla del Lavadero Los Castillicos
(Hoya Gonzalo) y Casa Aparicio (Higueruela); otras
veces la presencia de pozos y una óptima situación via-
ria junto al eje este-oeste propiciaron yacimientos como
el del Pozo de la Pefia al pie del cerro de Chinchilla.
Al suroeste está la Sierra de Alcaraz, donde nace el
río Mundo, y al oeste el curso del río Guadalmena, vía
natural hacia Cástulo. Este río abre un valle agrícola y
ganadero por donde discurría el Camino de Aníbal,
controlado por la ciudad de Mentesa. A su territorio se
adscribe la lápida de Aelia Lasciva (Noguera, 1992, p.
39) hallada en la Casa del indiano, vinculada a la ciu-
dad como también lo estuvieron los yacimientos de
Matasancho (Villapalacios) y Cerro Vico (Bienservida)
cuyo topónimo y extensión de los testimonios materia-
les hacen pensar en una estructura de vicus. El sureste es
una zona bien irrigada por los ríos Mundo y Segura que
se unen al sur de la Sierra de los Donceles, en el límite
con la provincia de Murcia. Al Mundo tributan por el
norte numerosos cauces que confluyen en el Arroyo de
Tobarra, configurando el Valle de Minateda-Agramón,
donde se eleva el Tolmo de Minateda. El poblamiento
se situó en los valles, por el noreste la Cafiada de
Ontigosa abría el camino entre el Cerro Fortaleza
(Fuenteálamo) y el Tolmo de Minateda, un eje de
comunicación secundario entre las tierras del Corredor
de Almansa y la comarca hellinera. En la zona las villas
de Las Eras, los Altos del Pino de la Pasa y el Pajar de
los Zorros (Ontur), del Olmo Romano (Albatana) y del
Charcón (Hellín), jalonaron de norte a sur la cafiada a
partir del siglo 1. Al noroeste de la comarca, la villa de
Judarra (Tobarra) dominaba un pequefio valle al suro-
este de la Laguna de Ontalafia; algo más al sur las ram-
blas del Mullidar y Sierra configuran un valle estrecho
(Jordán y Conesa, 1992, p. 508) en cuyo extremo, en el
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Rincón del Moro, López Precioso apunta la posibili-
dad de una mansio en el camino entre El Tolmo y
Peñas de San Pedro, y que por el este se abre hacia las
bien irrigadas huertas de Tobarra, donde la villa más
septentrional es la de Alborajico, una explotación agrí-
cola cercana a la laguna de Alboraj, tempranamente
instalada a juzgar por la presencia de campaniense A,
como continuidad de un poblamiento de época ibéri-
ca, algo registrado en otros lugares peninsulares (Gusi
y Oliver, 1987, Cerrillo, 1995); más al sur la villa de
Los Paredes (Tobarra) aprovechó las aguas de un
manantial mineromedicinal (Jordán y Conesa, 1992,
p. 504). Otro pequeño valle, el de Vilches, albergó una
gran explotación agrícola (López Precioso, 1993, p.
108) cercana al lugar del hallazgo del miliario de
Maximino; y junto al manantial de La Fuente, la villa
de Hellín es un buen ejemplo de un complejo agrope-
cuario con una parte señorial, más elevada, y otra rús-
tica (Ramallo y Jordán, 1985).
Al amparo del núcleo administrativo del Tolmo de
Minateda el valle fue tempranamente poblado por
villas que por su cercanía con aquél pueden conside-
rarse suburbanas, tales La Horca, Zama, y más al sur,
en la confluencia del Arroyo de Tobarra con el río
Mundo, la villa del Transformador; aguas abajo de la
unión de los dos cauces, en la margen derecha del
Mundo, la del Saltador. El Tolmo era lugar de paso en
el camino entre Complutum y Carthago Noua, siendo
este el eje que marcó la actividad económica de la
comarca, con ramales y vías secundarias (López
Precioso, 1993), una de ellas de acceso a la Bética a tra-
vés de la actual población de Elche de la Sierra. El río
Mundo se adentra en la comarca desde el oeste, en su
curso medio forma un valle estrecho y abrupto donde
se han localizado dos villas en término de Liétor
(López Precioso, 1993, p. 1 lo), que aguas abajo se
ensancha por las huertas de Isso, donde está registrado
un poblamiento intenso a lo largo de los tiempos, y en
época romana la Laguna del Toladillo y el Arroyo de
Isso fueron lugares para las villas de Arroyo de Isso 1 y
Prao de Isso (Jordán y Conesa, 1992, p. 5 10, y Jordán
y Matilla, 1995, p. 334) y Cañada de Agra (Jordán y
Matilla, 1995, p. 334); el citado valle se abre cerca de
la confluencia con el Arroyo de Tobarra, donde se han
registrado un total de cuatro villas: El Azaraque
(Jordán y Conesa, 1992, p. 505), la Casa de la Viuda
(Jordán et alii, 1984, p. 223), la Estación de Agramón
y El Naranjo (Jordán et alii, 1984, p. 223).
El curso del Segura atraviesa de oeste a este el sur de
la provincia. En su margen derecha se encuentra el anti-
guo núcleo urbano del Castillico de Villares, y cerca la
villa de La Igualada. En el discurrir del río el Canónigo
Lozano cita hallazgos en las gargantas más occidentales,
donde los cauces del Tus, del Segura y del Taibilla abren
estrechos pasos; de seguir las indicaciones de Lozano en
torno a las gargantas del Tus habrá villas en Moropeche,
la Raspilla y Jartos; siguiendo el curso del Segura en La
Graya y Sujaval, y en Letur cita restos en la Era del
Rosal, un barrio periférico de la población; en Socovos
las villas se establecieron a partir del siglo 11 en La
Viñica, Los Tesoros y Los Bañuelos (Sánchez Gómez,
1984).
Los materiales de construcción empleados en los
asentamientos rurales, como en las ciudades, fueron la
piedra y el ladrillo, esencialmente la primera utilizada
como sillarejo en los cimientos de los muros, comple-
mentados en algún registro (villa de Balazote) con ladri-
llos. En diversos yacimientos han sido documentados
sillares en superficie, de estructuras de habitación o de
edificios funerarios, que daban monumentalidad al
conjunto, también buscada mediante el ornato con
estucos, mosaicos, etcétera. (La Horca, Los VillaresIEl
Ardal, Los Cabezos o Los Bañuelos): en Los Villares de
Balazote un opus quadratum almohadillado conformaba
una de las estancias termales; en la villa de Zama las
improntas de grandes sillares sobre un pavimento de
opus caementicum fueron interpretadas como los
cimientos de un templo; y con sillería de pequeño
tamaño unida a hueso se realizó una construcción para
el almacenamiento de agua en la Casilla del Mixto
(Sanz, 1984). El material latericio ha sido raramente
recogido, si bien hay descripciones como la de Sánchez
Jiménez ("gruesos ladrillos romanos") en Los Cabezos
(Mahora), y S. de los Santos -en los diarios de la exca-
vación de Balazote- con cierta frecuencia anota el
hallazgo de sesquipedales y tejas de canalización. En
varios lugares han sido registradas habitaciones calefac-
tadas a partir de la presencia de pilae, o de las clavijas
que formaban las concamerationes (Sanz, 1989), donde
era utilizado un tipo de ladrillo con escotaduras latera-
les (Pozo de la Peña), tipo que en algunos yacimientos
fue usado como cubrición de sepulturas (Las Eras,
Ontur). Las termas de Balazote y las de Los Bafiuelos
(Socovos) utilizaron arcos de ladrillo sobre las pilae para
recibir la suspensura, en el resto de los yacimientos no
existe documentación al respecto. Sobre la forma de las
LA DISTñIBUCI6N DE LAS VILLAS ROMANAS DE ALBACETE AnMurcia, 16-17, 2001-2002 355
habitaciones, sólo en cuatro villas se han registrado
estructuras absidales semicirculares, en Balazote dentro
del complejo termal, en La Casa de los Guardas
(Tarazona) en una habitación de lapars señorial, en La
Igualada (Elche de la Sierra) y en la Casa de la Jordana
(Jorquera). Se conocen dos piscinas en Balazote y algu-
nas balsas, entre estas la de mayores dimensiones (12 x
8 x 2,30 metros) en Zama, más pequeñas en la Casa de
Berruga (Lezuza), Las Bodeguillas (Ontur), El Pajar de
los Zorros, y La Igualada. Todas estas construcciones
tienen revestimiento interior de opus signinum y medias
cañas en los ángulos, en Zama se usó como cisterna, y
así han de entenderse las restantes, si bien la de La
Igualada se ha considerado como piscina por la presen-
cia de un escalón (Amores y Barraca, 1984, p. 280).
Plantas amplias, alzados y elementos decorativos
eran símbolos de riqueza que distinguían a las villas
señoriales. En la campiña de Jaén prospecciones inten-
sivas han diferenciado entre villas con elementos sun-
tuosos y establecimientos campesinos caracterizados
por la ausencia de esos (Castro López, 1999, p. 184),
entre los que denotan suntuosidad pueden considerarse
las decoraciones arquitectónicas estructurales, las habi-
taciones calefactadas y las termas (Koppel, 1995, p. 42),
los estucos y los mármoles, las esculturas y monumen-
tos, y los ajuares de especial relevancia. El registro exis-
tente ofrece once villas con pilae o con clavijas que
denotan la existencia de hipocaustos, pero el Pozo de la
Peña demuestra que no eran privativas de espacios sun-
tuosos. Del Molino de las Monjas, de Balazote, de los
Bañuelos (Socovos), de Matasancho (Villapalacios) y de
Los VillaresIEl Ardal (Fuentealbilla) hay documentados
columnas y capiteles, pero esto no impide que existan
en otros lugares, enterrados o reaprovechados en cons-
trucciones posteriores. De siete lugares hay fragmentos
de estucos, que tampoco han de implicar por sí mismo
una especial riqueza decorativa.
La primera categoría que denota suntuosidad la for-
man aquellos elementos integrados estructuralmente en
la arquitectura, tales como frisos, cornisas, columnas y
capiteles. De Balazote, además del opus quadratum de la
habitación 3, se conserva un capitel corintio de piedra
caliza recogido fuera de la excavación, así como uno de
pilastra, de mármol, procedente de La Vega (Meseguer,
1989, p. 1 1 19; Sanz, 1997, p. 95). Basas de columnas
se han citado en los yacimientos de Carcelén, Los
VillaresIEl Ardal, en la Casa de los Guardas donde el
primer corte abierto correspondió al atrio por las
improntas de basas de columnas, del mismo lugar pro-
cede un fragmento de cornisa de mármol; noticias de
fustes hay en Matasancho (Villapalacios), Los
Bañuelos, Vilches y Balazote.
Por otro lado están los mosaicos y los estucos. En la
Casa de los Guardas cuatro pavimentos fueron hallados
en una misma habitación y han sido fechados en el siglo
IV (Blázquez et alii, 1989, p. 60), y un quinto de opus
sectile se encontró desmembrado en el ábside de la
misma habitación; de la villa de Hellín proceden dos
mosaicos, uno conservado en el Museo Arqueológico
Nacional (Blázquez et alii, 1989, p. 49; Durán, 1993, p.
199), y otro en el de Albacete, que formaba parte del tri-
clinium (Ramallo y Jordán, 1985, p. 16 SS; Blázquez et
alii, 1989, p. 48; Duran, 1993, p. 204); dos fragmentos
fueron encontrados en Agra a principios del siglo XX,
datados a de finales del siglo 11 o comienzos del 111
(Blázquez etalii, 1989, p. 49). Los mosaicos de Balazote
(Blázquez et alii, 1989) son parte de un programa ico-
nográfico en el que se insertan estucos y esculturas;
tuvieron pavimentos las habitaciones número 2, 3, 6, 8,
9 (dos mosaicos), 1 O, 15, 16 y 17 con las alfombras del
triclinium; el apod~terium los tenía parietales, y placas
de mármol se hallaron en las habitaciones 2, 8 y 9. La
decoración de los mosaicos de Balazote hace alusión
directa a las aguas, algo propio de instalaciones termales:
la cabeza del dios Océano cuyas barbas, azules, son el
preciado líquido que se derrama sobre la tierra; el delfín
parietal de la piscina sur, que sin duda causaba una vívi-
da impresión cuando las aguas eran sacudidas por los
bañistas; un cubo y una ampolla para ungüentos orlan
el mosaico delfiigidzrium; en el triclinium los peces, en
otra habitación la Medusa. En el conjunto escultórico
de Balazote, datado en el siglo 11, destacan las imágenes
de Asklepios e Hygea (Noguera, 1994, p. 47 SS y 177)
formando parte de la iconografía de las termas. Los estu-
cos permiten una aproximación a la decoración mural:
en la habitación 6 las paredes imitaban ricos mármoles,
los motivos florales ambientaban la algarabía del baíío
en elfiigidzrium, la severidad de la geometría en la habi-
tación 11, y la figuración en la 8, donde las pinturas
ofrecían la visión de cuerpos jóvenes desnudos, con
ampollas para ungüentos denunciando su condición de
atletas (Sanz, 1995, p. 343), y un gafito indica, final-
mente, el nombre de una persona de origen griego:
Euthycio. Todo ello hace referencia al concepto de bal-
nea griego, donde el baño estaba acompañado de ejerci-
cios gimnásticos dentro de un ambiente de schola.
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Parece prudente pensar que toda villa tendría aso-
ciado su cementerio. En la villa de Balazote se han loca-
lizado dos lugares tardíos de enterramiento en la perife-
ria del perímetro edificado (Sanz 1995), y al norte en La
Vega (Abascal y Sanz, 1993a, p. 86, 100). Necrópolis
como la de Santa Ana de Abajo (Albacete), con torre
funeraria, se sitúa junto a la villa. Fosas de inhumación
vinculadas a las villas se han registrado en el Vallejo de
la Viña (Abengibre), Botas y Las Torres (Almansa), el
Corral de Piqueras (Golosalvo), Casa Grande de Isso
(Hellín), y Las Eras (Ontur), formadas por estructuras
simples excavadas en la tierra, cubiertas con lajas o con
tegulas (Las Eras). Sarcófagos de piedra o mármol se
documentan en Los Torreones (Albacete), en Las Eras
(Ontur), en las Casas de Delgado (Alpera). En ocasiones
se han registrado monumentos funerarios, exponentes
de la riqueza de las villas a las que estaban asociados
(Abad et alii, 2002; Abascal et alii, 2002): de Los
Torreones se conservan diversos sillares procedentes de
una estructura en forma de torre: dos de esquina con
zócalo y un tercer sillar con grapas en forma de cola de
milano (Abascal et alii, 2002); uno con grapa tiene la
inscripción de Lucius Valerius de Vizcable (Nerpio),
indicando la cualidad del monumento original (Abascal,
1990, p. 78-79); el basamento de una torre funeraria de
opus quadratum es el que se deja ver en el interior de la
ermita de Santa Ana de Abajo (Albacete), de 488 cm de
lado y 194 de alzado conservado (Abad, et alii, 2002),
con un zócalo sobre el que se alza el basamento moldu-
rado, con paralelos en la Bética y la Tarraconense
(Beltrán Fortes, 1990); a importantes monumentos
debieron corresponder los bloques de piedra de El Pealo
(Jorquera) con inscripciones funerarias alusivas a Lucius
Serranius y Serranius Celer (Abascal, 1990, p. 40-43);
de Las Eras (Ontur) un monumento funerario conserva
dos piezas esculpidas, un pulvini y un frontón trapezoi-
dal de lados cóncavos decorado con hojas y cabeza de
Gorgona, siguiendo un modelo documentado en otros
lugares (Beltrán Fortes, 1990; Abad et alii, 2002).
En época romana, las tierras que hoy pertenecen a la
provincia de Albacete no ofrecían más interés que el de
su situación geográfica y el de unos potenciales recursos
agrícolas, ello hizo que, frente a los lugares de la perife-
ria peninsular o a los que poseían yacimientos mineros
de algún tipo, el proceso de romanización fuera más
lento e incluso tardío, especialmente en las zonas más
alejadas de los ejes viarios, así, por ejemplo, ha sido seña-
lado para Socovos (Sánchez Gómez, 1984). En torno a
los ejes viarios más importantes se sitúan, con preferen-
cia, los yacimientos más tempranos, algunos muestran la
continuidad desde época ibérica evidenciando un
mismo aprovechamiento de los recursos agrícolas,
donde se encuentran producciones cerámicas carnpa-
nienses o imitaciones de éstas, aunque también están
constatados procesos de abandono y de reocupación, y
hay yacimientos con materiales romanos que no sobre-
pasan el período republicano, o a lo sumo decaen duran-
te los primeros años del imperio. La continuidad está
asociada a cerámicas campanienses, circunstancia que se
da en un escaso porcentaje del registro (La Cueva,
Casilla del Mixto, Casa de Villaralto, El Paraor,
Alborajico, El Acequión), a otro tipo de materiales
como un pondera1 en la Casa de la Zúa en Tarazona de
la Mancha, o en Los Charcos (Fuentealbilla) que parece
fue abandonado en el siglo 1 a.c. en que se datan algu-
nos materiales cerámicos (Sanz, 1997), serían, pues, los
lugares que denotan una romanización progresiva de los
asentamientos ibéricos. Los Villares de Balazote, Zama y
la villa de Hellín son tres yacimientos en los que se han
registrado cerámicas ibéricas tardías, pero no han sido
documentados muros infrapuestos a las construcciones
romanas si exeptuamos los de Balazote cuyo registro no
está claro, y las estratigraflas, cuando existen, no ofrecen
secuencias claras sino más bien la constatación de nive-
les de relleno del siglo 1, o incluso del 11 en Balazote.
Las cerámicas campanienses se encuentran en sitios
junto a vías de comunicación o en sus entornos próxi-
mos, que denotan el papel jugado por éstas en la intro-
ducción de materiales itálicos en los siglos 11 y 1 a.c. En
el eje este-oeste, entre Ad Palem y las Lagunas de
Ruidera, esas cerámicas de procedencia itálica se regis-
tran desde los años finales del siglo 111 a.c. en el cerca-
no yacimiento de El Arnarejo, pero este poblado vio su
ocaso en los primeros años del siglo 11 a.c. El Cerro de
los Santos, al que Roma nombró como Palem, ha pro-
porcionado algunos fragmentos que se insertan dentro
del contexto general del santuario durante los siglos 11
y 1 a. C, y ha de considerarse uno de los lugares de más
pronta romanización en la provincia de Albacete, en lo
que sin duda influyó poderosamente su carácter cul-
tual, al respecto ya ha sido señalada cómo la planta del
templo y algunas esculturas de togati y los capite velato
se deben a influencias itálicas (Noguera, 1994); en el
Llano de la Consolación, de la necrópolis ibérica de La
Torrecica proceden igualmente cerámicas campanienses
(Sanz, 1997); en las tierras más cercanas al Cerro de los
LA DISTRIBUCI~N DE LAS VILLAS ROMANAS DE ALBACETE AnMurcia, 16-17, 2001-2002 357
Santos esas manufacturas se distribuyen en la zona del
Corredor de Almansa, donde la ciudad de Meca sin
duda jugó un importante papel a cuyo amparo se ubi-
caron el Molino de las Monjas y Villaricos donde se
registran esos tipos cerámicos como también, algo más
al norte, en el Camino de la Casa de la Zorra (Alpera);
en el Pozo de la Peña un plato imitación de la forma
Lamboglia 5 puede considerarse dentro de la órbita de
influencia de esas manufacturas; al norte de Parietinis se
recogieron fragmentos en E1 Acequión; en Lezuza, tem-
prano asiento de itálicos, también existen, y Sánchez
Jiménez las halló en la Casa de Berruga muy cercana al
último núcleo urbano citado. En el eje norte-sur desde
Iniesta siguiendo el cauce del Arroyo de Abengibre, la
vía, durante los siglos 1 y 11 a.c., ponía en comunica-
ción el territorio en torno a Ikalesken con Carthago
Nova a través del oppidum de El Tolmo de Minateda.
Yacimientos como la Casilla del Mixto y El Arda1 en
Fuentealbilla, y el Corral de Piqueras en Golosalvo,
subrayan la presencia de una ruta comercial que, nue-
vamente en los entornos del Tolmo de Minateda, vuel-
ve a concentrar las producciones campanienses: en
Alborajico, el propio Tolmo, y Terche, extendidas por la
ruta meridional a Cástulo en torno al oppidum de la
Piedra de Peñarrubia (Elche de La Sierra) y al Castillico
de Villares. Aunque menos estudiadas las ánforas
Dressel 1 también se localizan en esta ruta de comuni-
cación en la Casa de la Gallega, Casa de Villaralto, El
Tolmo y Zama. Ha de entenderse, en suma, que los dos
ejes señalados fueron los vertebradores de la primera
presencia romana en la provincia de Albacete, con un
papel fundamental de los oppida y del santuario del
Cerro de los Santos por su valor cultual.
La promoción de los oppida a municipios o colonias
generó un cambio en la explotación del paisaje, que se
estaba gestando desde tiempo atrás a partir de un mode-
lo de poblamiento preexistente en los siglos 11-1 a.c. que
tuvo continuidad en los años en torno al cambio de era.
Fueron los grandes centros los que generaron los asenta-
mientos en un entorno más o menos próximo, de mane-
ra que la explotación del suelo a través de las villas se vin-
culaba a las necesidades de las ciudades con las que se esta-
bleció un intercambio recíproco. A partir de ahí las villas
se extendieron por las tierras más fértiles. La presencia de
sigillatas itálica se registra en los paisajes que antes aglu-
tinaron a las cerámicas campanienses, entendiéndose que
la llegada de itáiicos estuvo ligada a la consolidación de los
nuevos estamentos administrativos. Así en torno al Tolmo
de Minateda en El Saltador, Terche y Los Paredes; en
Lezuza y la Casa de Berruga; en la zona del Júcar en
Zulema y el Corral de Piqueras; y en el Corredor de
Almansa en Belén, el Molino de las Monjas, Olula, El
Pedregosillo y Villaricos. Excepto este último yacimiento,
el Corral de Piqueras, el Molino de las Monjas, Terche y
la Casa de Berruga entre las villas, el resto fueron creadas
ex novo, a las que se sumaron otras con materiales datados
a partir de la dinastía julio-claudia.
El siglo 1 fue el de la extensión del poblamiento
hacia el conjunto del territorio. En el valle del Júcar El
Batanejo (Villalgordo) y Casa Vieja ocupan, junto a la
Casa de la Zúa, la margen izquierda en las terrazas occi-
dentales. En las más orientales, donde el río se hunde a
causa del cañón, sólo se registran los yacimientos de Las
Eras (Alcalá del Júcar) y la Casa de la Jordana
(Jorquera), y en las terrazas del Cabriel el yacimiento de
El Cilanco (Villatoya). El citado cañón fue causa de la
distribución de los asentamientos en tierras más inte-
riores cercanas al Arroyo de Abengibre. Este caudal, que
tiene abierto un profundo cauce en dirección al Júcar,
era el paso natural entre Egelasta y la llanura hacia
Saltigi en el que jugó un papel todavía poco valorado el
manantial de agua salina de Fuentealbilla; sin embargo
otro camino más occidental estaría trazado entre
Egelasta y Saltigi en torno a la actual población de
Mahora, donde hay una importante concentración de
villas de las que con seguridad existían en el siglo 1 las
de Berli y el Cabezo de los Silos (Madrigueras), y las de
Los Cabezos, Mahora y Casa de Villaralto (Mahora).
Las construcciones descubiertas en el Pozo de la
Peña, al pie del peñón de Chinchilla, se datan a partir
de mediados del siglo 1 a.c. a tenor de la presencia del
citado plato que imita a la campaniense Lamb. 5, y su
apogeo tuvo lugar durante la primera y segunda centu-
rias. Yacimientos cercanos como Los Villares de Horna
o Corral Almenado poseen materiales del siglo 1 en el
que comienzan a ser ocupadas las amplias llanuras del
sector central de la provincia de Albacete, con extensión
tanto al este a través del Corredor de Almansa (villa de
Belén), como hacia el oeste en la zona de Los Llanos de
Albacete (El Acequión, Los Torreones, Santa Ana de
Abajo y Balazote); por su parte, en las proximidades de
la vía entre Complutum y Carthago Noua se encuen-
tran, de norte a sur, las villas de El Batanejo, Casa de la
Zúa, Alborajico, Vilches, Zama, El Saltador, El
Azaraque, y en el desvío a Cástulo por Elche de la Sierra
las de El Cenajo y La Igualada.
358 AnMurcia, 16-17, 2001-2002 RUBÍ SANZ GAMO
A partir del siglo 11 la explotación del territorio esta-
ba ya consolidada, teniendo lugar el apogeo de muchas
de las villas que no necesariamente parecen sustentarse
en las ciudades. De hecho, en el siglo 11 todo indica que
Ilunum se encontraba en un período de decadencia que
contrasta con el tiempo álgido de las villas de su terri-
torio, en primer lugar la de Zama, algo más al norte la
de Hellín y la de Vilches, y en general las que se
encuentran en sus entornos más o menos cercanos, tales
la Casa Grande de Isso, Los Paredes, Agra, El
Transformador, etcétera. Fue también el tiempo de las
villas del altiplano almanseño, tales como Botas, Jodar,
Los Nogales, Las Torres y El Naranjo; de las situadas
entre ambas comarcas en Ontur (Ontur, Pajar de los
Zorros); las del valle del Júcar (Zulema, Las Eras, Casa
de los Guardas, Casa Aparicio, El Batanejo); y también
las de zonas más alejadas como Socovos (Los Bañuelos
y Los Tesoros). En el registro actual, parcial como se ha
seiíalado más arriba, algunas villas ofrecen materiales
del siglo IV como exclusivos, o casi, como El Real
(Caudete), a la par que otras de anterior ocupación
muestran materiales especialmente ricos y suntuosos,
tales los de Ontur. Finalmente, Jordán y Matilla opinan
que las villas tardías convivieron con eremitorios intro-
ducidos por la vía Carthago Nova-Toletum (Bibliogra-
fía: Jordán y Matilla, 1995, p. 334).
Figura 1. La cuenca del Júcar. ABENGIBRE: 1; Valiejo de la Viiía (Abengibre). ALCALÁ DEL JÚCAR: 5: El Villar, 6: Zulerna.
CARCELÉN: 26: Villa de Casas de Juan. CASAS DE JUAN NUNEZ: 27: La Cueva. CENIZATE: 29: Casa de la Gallega, 30: Los Villares.
FUENTEALBILLA: 39: Casilla del Mixto, 40: El Carrasco, 41: Corral de las Hoyas, 42: Los Villares. GOLOSALVO: 43: Corral de Piqueras.
JORQUERA: 63: Casa de la Jordana. MADRIGUERAS: 69: Berli, 70: Cabezo de los Silos. MAHORA: 71: Los Cabezos, 72: Casa de La
Matosa, 73: Casa de Villaralto, 74: Mahora, 75: Villares del Tochoso. TARAZONA DE LA MANCHA: 85: Casa de los Guardas, 86: Casa
Vieja, 87: Casa de la Zúa, 88: Las Escobosas. VILLALGORDO DEL JÚCAR: 94: El Batanejo, 95: Los Regates. VILLATOYA: 98: El
Cilanco, Las Eras, 99: La Vereda.
Figura 2. El Campo de Montiel y los Llanos de Albacete. ALBACETE: 2: El Acequión, 3: Los Torreones o Los Torrejones, 103: Santa Ana de
Abajo, 104: Los Paredazos 1 Parietinis. BALAZOTE: 20: Los Villares o camino Viejo de las Sepulturas. EL BONILLO: 24: Casa del Notario,
25: Casa de los Sanchos. LEZUZA: 64: Casa de Berruga. Tiriez, 65: Venta de Segovia. OSSA DE MONTIEL: 101: Loma de Montesinos,
102: Cerro del Almorchón. VILLARROBLEDO: 97: La Pasadilla. VIVEROS: 100: El Ojuelo de Cobatillas.
Figura 3. Las tierras Altas, Chinchilla y el Corredor de Almansa. ALMANSA: 7: Belén, Casas del Cerro, 8: Botas, 9 Jodar, 10: Molino de
las Monjas y La Mearrera, 1 1 : Los Nogales, 12: Olula, 13: El Pedregosillo, 14: San Antón, 15: Las Torres, 16: Villaricos.- ALPERA: 17:
Casas de Delgado, 18: Casas de Don Pedro, 19: Camino de la Casa de la Zorra. BONETE: 22: Casa Nueva del Carrascal, 23: La Romana.
CAUDETE: 28: El Real. CHINCHILLA: 31: Corral Almenado, 32: Peña Cárcel, 33: Los Villares de Horna, 107: Pozo de la Peña 1 Saltici.
CORRAL RUBIO: 34: El Bachiller. FUENTE ALAMO: 36: El Olmillo, 37: Los Olmos del Lavadero, 38: El Zanjón. HIGUERUELA:
61: Casa Aparicio. HOYA GONZALO: 62: Los Castillicos. MONTELEGRE DEL CASTILLO: 76: Llano de la Consolación, 106: Cerro
de los Santos. &TROLA: 8 1 : Petrolilla.
Figura 4. La cuenca del Segura. ALBATANA: 4: Olmo Romano. ELCHE DE LA SIERRA: 35: La Igualada. HELLÍN: 44: Agra, 45: Arroyo
de Isso 1, 46: Azaraque, 47: Balneario Romano, 48: La Calcina, 49: Casa Grande de Isso, 50: Casa de la Viuda, 51: Hellín, 52: La Horca,
53: El Naranjo, 54: Pozo de la Nieve de Torre Crchea, 55: Rincón del Moro, 56: El Saltador o Casa de las Monjas, 57: Terche, 58: El Trans-
formador, 59: Vilches, 60: Zama. LIÉTOR: 66: Casa de la Marta 1, 67: Casa de la Marta 11, 68: Fuente Albilla. ONTUR: 77: Altos del Pino
de la Pasa, 78: Las Eras, 79: Pajar de los Zorros. PENAS DE SAN PEDRO: 80: El Royo. SOCOVOS: 82: Los Baiíuelos, 83: Los Tesoros,
84: La Viiíica. TOBARRA: 89: Alborajico, 90: Castellar de Sierra, 91: Judarra, 92: Los Paredes, Santa Quiteria, 93: Polope.
Figura 5. Cuenca del río Guadalmena. ALCARAZ: 105: Pizorro del Indiano. BIENSERVIDA: 21: La Capellanía, Cerro Vico. VILLA-
PALACIOS: 96: Matasancho.
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