No muy lejos del puerto viejo, en plena metamorfosis por la construcción de una marina (para embarcaciones deportivas y de recreo), el recinto se erige aún como un testigo privilegiado de la Historia pero, la pregunta es inevitable: ¿por cuánto tiempo más?

Obra maestra de la arquitectura española del siglo XX, en el que aún resuenan las voces de célebres tenores, está prácticamente en ruinas. Si terminara por desaparecer, el mundo perdería un enorme símbolo del multiculturalismo.

 

Cien años después de su construcción, el teatro Cervantes de Tánger, al norte de Marruecos, una obra maestra de la arquitectura española del siglo XX, en el que aún resuenan las voces de célebres tenores, está prácticamente en ruinas.

Si éste terminara por desaparecer, el mundo perdería un enorme símbolo del multiculturalismo.

No muy lejos del puerto viejo, en plena metamorfosis por la construcción de una marina (para embarcaciones deportivas y de recreo), el recinto se erige aún como un testigo privilegiado de la Historia pero, la pregunta es inevitable: ¿por cuánto tiempo más?

Durante décadas acogió al público de las diferentes comunidades y nacionalidades presentes en la "ciudad del estrecho (de Gibraltar)". "Es necesario destacar cómo era Tánger en aquella época. El censo de 1919 indica que contaba con unos 40.000 habitantes: 26.000 musulmanes, 5.000 judíos, y había entre 6.000 y 7.000 españoles", dijo a la AFP Bernabé López García.

En diciembre de 2013, este historiador fue comisario de una gran exposición consagrada al centenario del teatro. Una celebración ambigua, puesto que este monumento en ruinas, ubicado al final de una estrecha calle de un barrio popular de Tánger, provoca verdadera pena al verlo.

Las cerámicas amarillas y azules de la fachada y los magníficos frescos que decoran su techo están muy deteriorados. En el interior, las butacas están por completo cubiertas de polvo.

"Algo lastimoso". "Su estado actual es, resumiendo, algo lastimoso", reconoce Cecilia Fernández Suzor, directora del Instituto Cervantes de Tanger.

"Parece un teatro de sombras (...) Ustedes me hicieron regresar, y lo hago a pesar mío, porque cada vez que vengo me siento mal", suspira el escritor Rachid Taferssiti, presidente de la Asociación Al Bughaz, para la salvaguardia del patrimonio de Tánger. "Me parece algo muy triste que un espacio multicultural como éste se encuentre tan degradado", continúa.

La historia del edificio se remonta a 1911, cuando un rico comerciante español, Manuel Peña, decide construirlo para dedicárselo a su esposa, Esperanza Orellana, una apasionada del teatro.

Inaugurado en diciembre de 1913, dos años y medio después de colocarse su piedra fundamental, su devenir estuvo estrechamente ligado a la presencia española en la ciudad. Durante la Segunda Guerra Mundial, los responsables de las tropas del régimen del general Franco que ocupaban Tánger consideraban su aspecto demasiado modernista y decidieron "convertirlo en un teatro imperial, un poco al estilo neo-clásico del fascismo. Felizamente, no contaron con dinero para ello", explica López García.

Su gran actividad decayó hacia fines de los años cincuenta, entonces la comunidad española contaba con unos 30.000 miembros.

Caruso y los nacionalistas. Pero, en una ciudad que a partir de 1923 adquirió un estatuto internacional, el que fuera el teatro más grande del norte de África, con aforo para 1.400 espectadores, el Cervantes se convirtió en centro cultural para un público de muy diferentes procedencias y nacionalidades.

Por su escenario desfilaron grandes celebridades, como el tenor italiano Antonio Caruso o su compatriota, la soprano Adelina Patti, así como los principales elencos de flamenco de comienzos del siglo XX, u otros de origen árabe o nacionalistas marroquíes, destaca Taferssiti.

"Mi padre interpretó aquí algunos papeles. La 'troupe' de ópera Al Hilal, integrada por tangerinos y marroquíes representó en 1929 la célebre 'Otelo' (de Giuseppe Verdi)", evoca.

Cerrado desde 1974, el teatro Cervantes fue durante mucho tiempo arrendado por el Estado marroquí por un dírham (moneda local) simbólico, siendo España siempre su propietario. Ambos países nunca llegaron a un acuerdo para su restauración.

"Pienso que el Estado español no podría pedir más que poder restaurarlo, pero con la crisis económica actual es imposible abordar este asunto", según Fernández Suzor, quien afirma de manera realista: "si queremos hacerlo para que quede tal como era en 1913, serán necesarios varios millones (de euros)"

Además del costo, estimado entre 4 y 5 millones de euros, su ubicación, en un barrio venido a menos, constituye un aspecto débil. "Sin embargo, y hay ejemplos por todas partes, a partir de la restauración de un sitio cultural muchas veces sus alrededores se transforman por sí mismos", asegura la directora del Instituto Cervantes, que piensa que podría reconvertires en "un centro para formación de directores teatrales".

"La ciudad ha conocido enormes mutaciones", dice Taferssiti. Nosotros tenemos que jugar un rol, pero la solución tiene que llegar de los Estados, español y marroquí", añade.

Una prueba del actual dinamismo de la ciudad es "Tánger-Metrópoli", un programa de desarrollo urbano en cuatro años que acaban de poner en marcha las autoridades, con un monto de 1.000 millones de dólares.

 

http://www.gacetamercantil.com/notas/46515/cervantes-t%C3%A1nger-centenario-agonizante.html