La participación superó la registrada en cualquiera de las elecciones de los 12 años de reinado de Mohamed VI y las papeletas de aprobación a la Carta Magna fueron abrumadoramente mayoritarias. Nada menos que el 70,62% de los 13,1 millones de marroquíes inscritos en el censo -entre siete y ocho millones de ciudadanos adultos no están registrados- cumplieron al cierre de las urnas con lo que los medios oficiales describen como "deber nacional".

Ahmed Mansour, joven gerente de una pequeña empresa, insistía en la puerta del colegio Aboubaker Saadik, en el barrio de Mabella, que ha "leído dos veces la Constitución". "Por primera vez en mi vida, voy a votar", reveló. "Lo hago porque es un paso adelante, porque contiene más aspectos positivos que negativos y porque hay que probar si sale bien".

Mucho más convencido estaba el veterano líder socialista, Mohamed el Yazghi, actual ministro de Estado. "Esta Constitución es la culminación de nuestra lucha de más de 30 años por la democracia", afirmó sonriente a la salida del colegio Karrakchou.

¿No instaura un sistema aún alejado de las monarquías parlamentarias europeas?, le preguntó el periodista. "No vamos a imitar como simios otros modelos", responde. "Tenemos nuestra historia, nuestras especificidades", replicó.