La primavera árabe comienza el 1 de julio en Marruecos

La clase política marroquí en la primavera árabe decidió  la reforma Constitucional,  por el respeto a los derechos humanos y a la  igualdad entre hombre y mujer. El Rey se sentiría  a  salvo, si salvaba la ciudadanía. Mohamed VI contrajo aires de monarca constitucional. Él se presume árbitro entre rivales. El 9 de marzo anunció una "reforma constitucional global" que se sometería al voto del pueblo el 1 de julio. El primer ministro  no será  nombrado por el Rey, saldrá de las urnas: "El poder ejecutivo emanará del pueblo". La Constitución avalará la presunción de inocencia, la lucha contra la discriminación, la igualdad entre hombre y mujer, la libertad de opinión, el derecho al acceso a la información y la designación del bereber como segunda lengua oficial. El soberano sigue siendo la máxima autoridad en las competencias reales de la defensa, la diplomacia y la seguridad interior; el jefe del Ejército y, en el plano religioso, conserva su título de Comendador de los Creyentes. El Rey que convoca el Referéndum constituyente se pretende un Monarca  ciudadano. Estamos ante una escenificación de la modernidad política.