La Fundación Baile de Civilizaciones nace de la desconfianza intelectual en el poder. No es inevitable la libertad humana. La guerra es posible y por tanto es posible la ignominia humana. La Libertad se construye y los materiales de construcción no son los que más exhiben los mercados. La fuerza es un mal material para la construcción de la paz. Nacen los Estados como monopolios del poder generador de conflictos, al contrario que la ayuda mutua, que genera paz. No son los Estados, son las ciudades las plazas de la humanidad. La guerra borra cualquier vestigio de dignidad y libertad humana. Una de las miles de mujeres que recorrieron el centro de Bengasi portaba una pancarta, que rezaba "No sean humanitarios, actúen". Los llamados rebeldes libios piden armas contra Gadafi, quien, en un discurso radiado, advierte de que el pueblo libio tomará las armas para una larga guerra. ¿Acaso son las embajadas diplomáticas ministerios de la guerra? La Fundación Baile de Civilizaciones reivindica que sean las ciudades las que organicen la conquista de la ciudadanía; de la libertad, que los Estados tienden a arrebatarles. Es la persona, lo dijo Kant, el fin único de cualquier contienda: su dignidad. Nunca ha de anteponerse a ello el mantenimiento de la patria. La persona es ciudadano o ciudadana. Si la ciudadanía, además, utilizase el idioma que le es propio y universal: su folklore, su baile, por ejemplo, las muertes descenderían hasta cero y la dignidad humana vestiría la toga de la belleza. En esta confrontación de naciones, Baile de Civilizaciones invita a la recuperación del arte y de los espacios públicos en las ciudades donde compartirlo. El Gran Teatro Cervantes de Tánger, por ejemplo.