Y pasó el día 18. En la plaza de la Liberación de El Cairo,  los manifestantes pasan, a golpe de clic,  de la esperanza a la rabia y de ésta de nuevo a la euforia. El Presidente de Egipto, Hosni Mubarak,  que  ayer apuesta por esperar,  para irse,  hasta las elecciones de septiembre, hoy descansa en un balneario, con sus cuentas suizas bloqueadas.   La caída del rais, ya, era el SMS universal entre los manifestantes. La permanencia del poder con sus mismos monopolios parece exigir que el tiempo para la revolución haya de ser cero. La caída del rais, ya. El Mediterráneo generó las claves de la vida digna en las ciudades, la política,  en las riberas de sus ríos Tigris, Éufrates y  Nilo; el alma, que vendimos a cambio del poder en el Fausto, nos vino del Este; La biblioteca de Alejandría fue el faro cultural del mundo, hasta que un fanático la incendió. Alejandro Amenábar, el discípulo amado de José Luis Cuerda, nos la ha retraído en homenaje a Hipatía. Tras 18 días, parece que en Egipto comenzó a escribirse las  credenciales para que el Mediterráneo: los Países Árabes, también Israel,  por qué no, forme parte de los constructores de otro mundo, que creemos posible. Mubarak ha dejado de ser sátrapa antes de morir y con ello se abre el camino no islamista a la nueva geoestrategia proclamada en la Universidad de El Cairo por el Presidente Obama, citando el Al Ándalus. Los Estados Unidos de América, China y los Países Árabes son tres. Falta África, de corazón blanco, como el marfil,  y  asoman, por Brasil,  los emergentes latinos. De Europa no se sabe nada, pero la Unión de sus Estados es necesaria en este juego que debe ir  a seis: EEUU y China (lejano Oriente); Arabia (Oriente próximo); África (imprescindible) y Europa (la loba de fecundas ubres), también la América Latina.