Si pretendemos hacer la paz y no la guerra, debieran  establecerse estrategias laicas: Aparcar la sacralidad de estados y dioses y convocar a la conciliación a las municipalidades, foros reales de ciudadanía. Debiera confirmarse el principio, que establece que el fin de toda acción humana es el mutuo respeto. También debiera considerarse el precio de la concordia: Es la economía, idiota, le dijo uno al otro,  que le hablaba de política. Analícese esta injusticia: Los olivares de  Cisjordania son, fuente primordial de la economía palestina. Este otoño, los colonos israelíes, fanáticos e irredentos amos de la tierra,  que dicen que dios les prometió, están siendo especialmente agresivos. La recogida de la aceituna representa un peligro: Ataques a los agricultores, robos a plena luz del día de la cosecha de los olivares e incendios de las plantaciones palestinas son algunos de los incidentes ocurridos en los últimos días. Algunos analistas consideran que esta nueva oleada de violencia obedece a una estrategia de los colonos,  con la que pretenden alardear de poderío ante futuras negociaciones de paz que impliquen evacuaciones de los asentamientos. Es la economía, idiota, le dijo uno al otro que le hablaba de política y sin duda ruptura del principio del respeto mutuo, más allá de estados y dioses.