Viernes 15 de Octubre

Madrid. Punto de partida de una incertidumbre.

Tras charlar Manuel, Paco y yo de nuestras inquietudes, esperanzas, miedos y posibilidades sobre el Teatro Cervantes vamos a descansar ya bien entrada la madrugada, mañana será un día largo.

Sábado 16 de Octubre

El despertador suena temprano, apenas hace unas horas que nos hemos acostado pero hay tanto interés en este tema que esas pocas horas parecieron densas y desperté varias veces mirando el reloj.

Por fin llegamos al aeropuerto. Billetes, pasaporte, equipaje ligero...Todo impregnado de sueños e ilusiones. Sí, soñar con realizar una gran obra cultural: recuperar algo que difundió arte y cultura, que ha albergado civilizaciones hermanas, que desde su inauguración el 12 de diciembre de 1913, se dieron la mano para andar el mismo camino. Tener el mismo espacio para compartir de forma agradable y pacífica, el mismo gusto por la belleza, el conocimiento, el culto a Dionisos y la musa Calíope.

Tras una breve hora de vuelo y digo breve, pues continuábamos hablando como si fuera la primera vez que nos reuníamos para ello, llegamos al aeropuerto de Tánger, sin apenas darnos cuenta del paso del tiempo.

El avión se detiene y tras la apertura de puertas, ya en la escalera, se aprecia la suave brisa del Mediterráneo, acariciando nuestros rostros en señal de bienvenida a África, la luz lo llena todo.

Camino del control de pasaportes abrimos teléfonos, Manuel espera ponerse en contacto con algunas personas. Es sábado y sabemos que no sería un día factible para contactar, pero tenemos que aprovechar para un reconocimiento del terreno.

Nos dirigimos al hotel en un taxi, dejamos las maletas y es hora de comer para nosotros, son las 3, hora española, decidimos por consejo del taxista ir a comer a Casa España. Allí podremos observar los planos y distancias hacia el lugar clave.

Tras una buena comida y maravilloso servicio, de una magnífico contador de cuentos y leyendas llamado "Ximo" (versión españolizada de  Mohamed); personaje que merece, en otro momento, el espacio y difusión de su relato.

Sumidos ya en el embrujo, estamos solo a unos cientos de metros del Teatro, bajando la calle, tomando unas escaleras, entramos a una zona que tan solo a unos metros de distancia nos aleja años de la realidad de progreso que habíamos apreciado en los exteriores. Años hacia el pasado, aumentan tanto en cuanto, bajamos esos escalones. Los escalones que marcan un área empobrecida de retraso y abandono.

Una fabrica o viejo almacén queda a la derecha, abandonada, como si quisiera acompañar la soledad y deterioro del teatro. De repente, al girar la vista hacia la izquierda, ese rótulo, todavía en pie, ya visto en fotografías, que nos marca la entrada al esplendoroso teatro del pasado. Quizás sea de las pocas cosas que se mantienen en un estado aceptable, tras sus 97 años de vida.

Cámara en mano, dando testimonio de todo lo que podíamos percibir, nos dedicamos a poder reflejar la realidad. El solar anexo al teatro se encuentra con basuras y maleza. Una imagen dura golpea mi retina, un niño semi adolescente durmiendo sobre la misma; sigilosamente lo observo, pero mueve la pierna, un escalofrío recorre mi alma. Ese edificio que tan fastuosas tardes contempló, observa hoy una imagen dolorosa y exenta de todo glamour.

Puedo observar como hay gente en la zona alta del teatro, unos muchachos parece que andan por ahí. Al mismo tiempo entre clics y clics de la cámara, un hombre con un pez en la mano se acerca a Manuel, quiere que le demos algún dirham por fotografiarse con nosotros.  Los muchachos nos invitan a pasar dentro, nos parece increíble que podamos hacerlo. Estamos dentro. Vaya lujo, poder apreciar y recorrerlo íntegramente;  dos o tres pequeñas bombillas de tungsteno parpadean en algunos rincones, y una grieta en el lucernario de la gran  bóveda, deja paso a un resquicio de luz natural, no suficiente para ver sus pinturas, imagino ya, muy deterioradas por la deficiente impermeabilización del lugar. Con la luz de nuestros flashes en el patio, observamos como permanecen algunos dibujos y nombres ilustres del teatro, figuran  inscripciones rodeando la bóveda...Veo claramente el recuerdo a "Goethe";  bajo la vista y busco el escenario, es un amasijo de butacas amontonadas, que entre flash y flash de mi cámara, me transportan a todo lo que habrán vivido y que han sido olvidadazas sin recordar que un día fueron objeto de modernidad, que con tan sólo accionar un dispositivo podían ser ocultadas y volcadas hacia adelante para poder ser convertido el lugar en una pista de baile o de circo. ¡Qué pena! Objetos tan singulares sin ninguna valoración.

Las barandillas de los palcos  forjadas, rematadas con pasamanos de madera, cubiertas por el polvo de lustros de desidia. Maderas y hierros apuntalando columnas, evitando la debacle de lo poco que permanece.

Subimos emocionados hacia la escalera derecha, que la luz de la tarde iluminaba suavemente al entrar por las ventanas que dan a la fachada, acompañados en todo momento de cuatro jóvenes  que habían hecho de su casa el gran teatro. Desde la terraza observamos un mundo de posibilidades alrededor, un reajuste urbanístico adaptado a ese entorno cívico-cultural, presidido por esa joya actualmente venida a menos, pero que merece ser digna de nuevo de su antiguo esplendor.

Nos marchamos perseguidos por el hombre del pez, y un ciudadano le invita amablemente a que nos deje en paz para que, supongo,  no nos sintamos agobiados. Al final de la calle todavía figura el antiguo nombre de la misma: "Esperanza Orellana", la mujer que un día quiso ser la benefactora de algo tan brillante. No vendría nada mal que aquellos que pueden hacerlo y hacen ostentación de lo que tienen, innoven en la manera de gastarlo, generando espacios comunes que sean bienes sociales, en vez de meros caprichos burgueses, efímeros e individualistas.

Giramos a la derecha bajando para el puerto, nos paramos en un café a tomar un té verde, rodeados de los Campeones del mundo de fútbol, el Real Madrid y el Barcelona, en Tánger, los tangerinos adoran el fútbol y conocen a todos los jugadores de España mejor que un español; las cadenas retransmiten ese deporte a todas horas, todos miran al televisor, mientras tanto nosotros soplamos al vaso lleno de menta fresca y agua hirviendo que parece escaldarnos la boca; contentos por haber conseguido la primera meta, poder ver in situ nuestro objetivo, es como que no nos creemos que hayamos estado dentro. Tras este pequeño alto en el camino, seguimos hacia el puerto. Preguntamos sobre el puerto nuevo, y nos dicen que está a las afueras, y es necesario ir en bus o taxi. Luego nos movemos hacia la medina. Entramos por uno de los accesos y vamos observando a derecha e izquierda los pequeños comercios y servicios que allí se dan. Son súper amables, quieren que pases, que aunque no te vendan nada hables con ellos. Nos damos cuenta que es tarde, que tenemos que marchar ya, para poder cambiarnos y bajar a cenar. Cuando bajamos a cenar descubrimos que son dos horas de diferencia entre ambos países.  Mientras cenamos asistimos a un espectáculo, que nada tiene que ver con la experiencia antes vivida.

17 Domingo

Desayuno. Seguimos sin noticias de Isabel Coll. Algo debe haber ocurrido, quizás no tenga el teléfono operativo. Nos vamos en taxi al centro de la ciudad para poder encontrar empresas españolas que trabajen en el entorno. Pretendemos también  contactar con centros socioculturales españoles, vamos al instituto Cervantes, pero se encuentra cerrado. Pasamos por la zona posterior  al Teatro, la Rue de la Liberte,el hotel Minzah deben conectar con la trasera al teatro. Buscamos una cerveza que aplaque la sed, pero es ardua tarea, el alcohol, no es fácil de encontrar en un país musulmán. Al final un rótulo publicitario con el número 33 en rojo, nos marca el destino hacia una la refrescante "Casablanca" que la sirve  muy fría y acompañada de una tapa de paella, una de lentejas y  unos boquerones fritos exquisitos. En la tarde descubrimos que la única manera de acercarnos al puerto nuevo al venir en avión es mediante un taxi, a ver si allí nos encontramos con las empresas que lo construyen, de momento no vemos carteles indicando quienes son los promotores. El taxista que nos habla medio en español, medio francés, medio inglés, se juega el tipo por parar en el único cartel que vemos con nombres de empresas, la multa ha estado rondando tras una buena regañina del policía. Al final el pobre hombre respira tranquilo. A la vuelta se hace de noche y nos lleva al hotel, donde en la tasca del mismo nos tomamos unos pinchos "morunos" y una ensalada, acompañados de unos dulces típicos que antes habíamos comprado; mientras redactamos una carta de presentación para las personas que teníamos que ver y que hoy nos habían confirmado el encuentro.

18 Lunes 

Nos levantamos temprano, pues teníamos que buscar la manera de transcribir la carta. El señor director de la recepción que hablaba un fluido español, nos permitió usar el ordenador de una oficina y buscando en un teclado ajeno a nosotros, no encontrábamos varios de los símbolos, pudimos hacerlo. Tras fijar la agenda de manera que pudieramos llegar a tiempo al aeropuerto, esperabamos a Fatak en el hotel, nos decían que venían de Tetuán y nuestra impaciencia hacía que fuéramos por el parking del hotel en un devenir  extraño por él. Paseos y charlas en un solo sentido. ¿Qué iba a suceder? No teníamos ni idea. Nos metemos al hall del hotel para que Paco pudiera ir al servicio, y es en ese momento cuando Fatak y el señor Hierro, de orígenes malagueños, nos encuentran, les ofrecemos un té verde, y tras una charla nos llevan a una especie de Diputación, para seguir con nuestras propuestas hacia el gobierno provincial, en donde nos espera una recepción para escucharnos. Les planteamos los dos temas que nos preocupan: Teatro y III Convención: "Zoco del Teatro Cervantes". Les comentamos también que tenemos interés con hablar con el Ayuntamiento, a lo que nos contestan que ellos ya se ocuparán. Se nombran ambas comisiones, marroquí y española  para que vayamos trabajando sobre el tema., en presencia al fondo, en una de esas miles de fotografías que en la ciudad erigen de su rey Mohamed V.

Un coche oficial nos lleva al consulado español, hemos quedado en la puerta con Raschid, secretario del alcalde. No tenemos tiempo para mucho, le entregamos una pequeña documentación y le diremos que ya nos pondremos en contacto con él.

El mismo coche oficial nos lleva al aeropuerto.