Mariolina es la dueña del B&B donde me he  alojado estos días en Cagliari, dulcemente acompañada por Matías "El arquitecto del agua" y su amiga Giselle "una caja de sorpresas".

Mariolina es maestra jubilada y ahora desde hace unos años alquila habitaciones en su casa "Il viccolo" que en español significa "callejón sin salida" porque esta efectivamente en el ultimo rincón de una calle cortada.

La casa que perteneció a su hermana es acogedora, las habitaciones espaciosas, limpias y cómodas. Se duerme bien mecidos por la idea de estar  aislados/as. En la azotea como  casa mediterránea una enorme terraza llena de plantas, geranios, plantas carnosas, y de vez en cuando el paso de gaviotas. Allí desayunamos con aceite de oliva de la propia Mariolina que coincidencias de la vida tiene olivos como yo.Coincidencias Mediterráneas.

El ultimo día  cuando me quede sola con ella hablaremos de las distintas variedades de olivas, del rendimiento, de la forma de recogerlas, (me recrimina que varee ella prefiere el rastrillo para no herir)  de los distintos precios y sabores. Dos mujeres hablando de olivos, eso es quizás intercambio mediterráneo, mezcla de civilizaciones, vocabulario milenario. Ese día también me paseará por la costa hasta villasimius y se parará al borde de la carretera para que contemple los flamencos de alas rosas. Mientras en el coche sonará una canción de Mina y me bailarán las lagrimas.

Después  bajo una lluvia persistente que relaja los sentidos, me mostrara cada rincón de Cagliari, el anfiteatro romano y su polémica reforma, el bastión, las torres, las casas señoriales, las plazas escondidas. Hablaremos de política, de su amor por la isla, de Berlusconi y sus planes urbanísticos en esta zona. Contemplo las salinas, los flamencos, la playa del poetto y me pregunto Cuanto le queda a esta belleza inmaculada hasta que llegue el tiburón o "El Caiman" (película que nos aconseja que veamos sobre la figura de Berlusconi).

Recorriendo la ciudad me lleva a contemplar las esculturas de Constantino Nivola, famoso escultor sardo que trabaja figuras femeninas y masculinas con granito y obsidiana. Os recomiendo que veáis en Internet sus esculturas.

Después al anochecer cenamos en casa, Mariolina me prepara pasta con Bottarga ( especie de salazón molido) que confiere un sabor de pescado a los spaghetti. Los sabores no tienen palabras. Seguimos hablando de arte, del amor, de la vida. Me habla de su hermana una famosa fotógrafa y documentalista sarda, me enseña sus libros de etnofotografía sobre las fiestas de Cagliari, sobre los carnavales. Me recuerda a nuestra famosa fotógrafa Cristina García Rodero. Mariolina me regala uno de esos libros y un paquete de pasta elaborado a mano. Yo no se que regalarle aunque espero que venga a visitarme a España y pueda corresponder.

Termina el dí , otra vez en la cama vuelvo a tener consciencia de isla , a pesar de haber pasado mi infancia en Menorca , lo que siento es diferente. Me dejo mecer.

Al día siguiente estoy a punto de perder el avión de vuelta, me he dejado el pasaporte y el billete  en casa de Mariolina, y ya sabéis lo que dicen los chinos que cuando alguien se olvida algo en un sitio es que no quiere irse.