Paz, paz, paz.

Dejémonos de monsergas.

Sólo paz, paz.

La paz del pan para todos,

la paz de la tierra para todos,

la paz del amor para todos, desde todos,

la paz del cielo real, cercano, tocable,

la paz sin ropajes engañosos,

la paz profunda, sentida,

la paz a ras de suelo,

la paz de barro consistente,

la paz ancha, plena, exacta,

la paz conforme,

la paz de todo el tiempo,

la paz de labios para adentro,

la paz que espera paz.

Ya no quiero la paz de los discursos,

ni de los púlpitos altos,

ni de los cementerios,

ni de los escondites,

ni de las trincheras,

ni de los equilibrios inestables,

ni de las estrategias calculadas,

ni de las falsas treguas,

ni de las sumisiones.

Ni de los que viven su sola paz,

ni de los resignados,

ni de los falsos corderos,

ni de los que le ponen adjetivos,

ni de los que confunden la paz con el destino,

ni de los que comercian con la paz,

ni de los esclavos en paz,

ni de los dueños en paz,

ni de los que cambian paz por medallas,

ni de los tiranos que ordenan paz.

Paz, paz, paz,

en los corazones.

Y en las manos abiertas, decididas, exigentes...

 

Nemesio de Lara: Presidente de la Diputación de Ciudad Real