Tierra, ¿Con quién seguís pactando?
¿Contra quién seguís luchando a bocanadas de aire ahogado?
Menos mal que el mar os rodea
porque distingue que lleváis la vida entera encarnizada en la lucha.


El mar, diamante en bruto,
nacido no al azar del destino nuestro,
sino círculo que nos rodea al círculo al azar por protegernos de la bestia que llevamos dentro.
Rodeados de su magia y hechizo
cuando se dispara la locura y la fiera, cuando se abandonan los sentidos, ahí está acompañando, aburrido, aburrido, de trabajar tanto por su tierra.

Cultivemos el bosque encantado,
el cántaro de dos asas de agua fresca,
el suelo eterno que pisamos,
trabajado por manos trabajadas,
dejemos a la mar disfrutar de aquel niño, de ese anciano que apenas llega a su lado, de los nadadores  que tan lejano quieren verle.

Dejemos descansar al mar, que no le lluevan lágrimas, que tranquilo un día transcurra en paz sereno, al alba mañana con el Este al sol, nos premiará con sus versos, sí, aquellos de la espuma y caracola, aquellos de yodo, sal y arena, aquellos de olas simpáticas saludando, aquellos de tu nombre se los lleva en su recuerdo, aquellos  sí, en la noche con la luna, y tu sentada en la arena.