Lograste sobrevivir sin parar de moverte,
Y te movieron ferozmente,
Los viejos dioses, los hombres tiranos,
Las sirenas que silbando asesinaban,
Las manos enredadas para matar,
Empujando bestias de madera y espada,
Los monstruos en los que ya no creemos,
Y sin embargo eras la sagrada,
La mar.
Menhir funerario de líderes
De flechas ardiendo a lo lejos,
De vendas embalsamadas, qué más da
Si en un río,
Al fin y al cabo eres agua.
Escondite de grandes tesoros,
Quién sabe si por ambición la pérdida,
¿y qué más guardas de esta tierra?
¿Qué más guardas?
¡OH mar! De ancha perspectiva,
Qué bella es la vida a tu lado,
Ahora que la paz reina en nuestro Mediterráneo,
En dónde tanta vergüenza e intruso soportaste,
Y castigaste a su enemigo,
Despidiendo a la muerte,
Apremiando a la savia,
Por eso te regalan tantas palabras,
Que te amamantan cada día,
La boca, las manos, el verso,
Que no te olvidan.