Planteado desde una posición arcaica, obtendríamos el resultado de fijar y entender el concepto de "plaza", como el espacio resultante que aparece entre varios elementos de ocupación y alojamiento humano.
Si observamos la principal definición que de ella hace la Real Academia de la Lengua Española, en su diccionario podríamos percibir algún nuevo matiz: "Lugar ancho y espacioso dentro de un poblado, al que suelen afluir varias calles".
Esta certera puntualización profundiza en la idea de forma magistral, recayendo en el observador la tarea de interpretar y llenar de significado y contenido, a una palabra de apariencia sencilla.
Para aclarar fundamentalmente la componente espacial del citado concepto, nuestra vista debe ambicionar un recorrido mayor, y dibujar con ella en la historia, un viaje que alcance nuestro Tiempo.
Comenzando desde una escala urbana reducida, "La Plaza", ha sido -y deberá ser durante un periodo indefinido- punto de articulación de dos o más ejes de desplazamiento o traslación humana; y a pesar de que esta hipótesis aparente ser tan sencilla como su propia definición, convendría profundizar en los aspectos más esenciales de la misma para alcanzar alguna conclusión.
Podríamos considerar lo siguiente como el ejemplo más reconocible:
El cruce de caminos entre el "Cardo" y el "Decumanus", apoyado más tarde en toda una teoría "cosmogónica", sin embargo comenzó siendo un sistema de replanteo geométrico para las trazas de un asentamiento provisional, como eran los campamentos militares de las legiones romanas.
La propia intención civilizadora del imperio, y su espíritu filosófico -en la relación profunda entre los dioses y los hombres- enriquecieron este hallazgo, convirtiéndolo en universal, cuando sobre estos ejes situaron el mundo conquistado (si trazáramos, sobre un mapa del Mediterráneo, la línea que une Efeso, siendo este el extremo oriente del territorio imperial, con el "Finis Terrae", ésta, pasaría por Roma; ¿y no era Roma en aquel tiempo la "Plaza del Mundo"? )
Aunque el foro se situaba en las primeras ciudades romanas, en las afueras (de ahí su nombre) y se destinaba a las actividades mercantiles, con el tiempo comenzó a dedicarse a las actividades políticas y administrativas, por lo que las ciudades romanas más recientes comenzaron a crear plazas públicas en la intersección del Cardo Maximus (N-S) con el Decumanus Maximus (E-O). Esta idea fue tomada después, por las Ordenanzas de Felipe II para la fundación y organización urbanística de la mayor parte de las ciudades de América.
Como antes comentaba, el espíritu colonizador de Roma acabó por convertir en "Urbes" estos asentamientos y las legiones fueron sustituidas por ciudadanos, que decidieron llenar de significado humano a este punto central del trazado. Así, el contacto entre los dos ejes ortogonales se convertía a la vez en origen y referencia de todas las tensiones urbanas. Allí se establecerían los espacios públicos representativos y los lugares en los que se desarrollaba la convivencia: Foros, Senados, Templos, etc.; siendo común siempre la intención de convertir este ámbito en el símbolo de la relación entre los ciudadanos.
Es pues fundamental que fijemos esta tesis preliminar para comprender que fue, el propio ser social, el que adoptó y propició este punto como metáfora universal de "Convivencia", pues era allí, precisamente, donde quería entrar en contacto con sus vecinos, para compartir su tiempo y sus conocimientos; llegando incluso a definir física y literalmente "cómo" debía ser su forma.
En la actualidad, cuando Administraciones, Arquitectos y Urbanistas se plantean la necesidad de intervenir en las ciudades, tienden a menospreciar e ignorar semejante principio; propiciando resultados erróneos y poco adecuados. Es por ello que debemos refrescar las ideas originales de nuestra cultura urbana; revalorizar aquellas que hicieron avanzar al ser humano cuando entendieron que era esa convivencia la que permitía alcanzar periodos de paz y desarrollo social; la misma, que en su ausencia, hacía replantear al ser humano la manera de volver a disfrutarla.
En efecto, "La Plaza" es símbolo y metáfora asimilada por el pueblo; que posee la virtud de ser materializada y experimentada, en favor de éste; para convertirlo en sociedad; una sociedad que carecería de sentido si uno de los pilares básicos en que se sostiene: La Convivencia, fuera descalzado a base de ignorancia o miopía de todos los actores que intervienen en este acto fundamental: Definir y construir la Ciudad ... para la Relación entre los Ciudadanos.