Los lazos más resistentes y más estables son los hídricos.  Desde hace siglos en el Mediterráneo se fueron tejiendo con hebras multicolores preciosas telas que acercaban y hermanaban a los moradores de las dos riberas.  Era mar de todos, mar en medio de tierras ("media-terránea") habitados por pueblos de distintas culturas bañadas por las mismas aguas conciliadoras.

Después, el Imperio lo dominó, haciendo suyo el mar-crisol-cuna, haciéndolo "mar nuestro".  Durante siglos ha permanecido así, indebidamente, creando en el Sur, el sentimiento de que el "mar común" les había sido usurpado.

Es tiempo ahora, para facilitar la transición urgente de una cultura de imposición, fuerza y violencia a una cultura de diálogo, comprensión y paz, de redoblar esfuerzos para que sea mar de alianzas, de reconocimiento de la igual dignidad de cuantos viven en sus costas.  Así el Mediterráneo podría situarse, en la nueva era que se inicia con el milenio, a la cabeza de la gran transformación que conducirá al otro mundo posible que anhelamos.

En Salobreña, escribí en agosto de 1997:

Conozco, mar mío,
tu voz.
Durante años y años
he escuchado tu clamor
y he comprendido
tu lenguaje.
Todos los tonos
de tu latir
son familiares
a mis sentidos
abiertos
a tu grandeza,
a tu belleza
incomparables...
Por eso me duele tanto
que tu canción
se haya mudado en grito.
Por eso seré en tierra
vocero de tu inmenso
lamento
inadvertido.