El Mediterráneo no es exclusivo de Serrat, qué le vamos a hacer, también nosotros hemos nacido en ese mar que nos concierne, nuestros ojos tratan de descubrir cada día un mensaje en una botella, a poder ser de Homero, en este litoral tan doméstico, en cuya arena hemos recibido, digo los mesetarios, el bautismo de yodo y de salitre sin ser marineros, ni siquiera grumetes. Siempre que es posible, también nosotros jugamos en la playa, por si está escondido nuestro primer amor entre las cañas, y es lo que nos vale de la canción del trovador catalán. Eso, y la convicción de que nos llega la luz y el olor del mar que, después de la experiencia de Guardamar, escenario de la conmemoración sentimental del Baile de Civilizaciones, será más Nostrum que nunca. Y algo más que un paisaje; será una herencia compartida, una cultura, el mar que acaricia tierras de aceite, de pistacho y de cítaras, con una cadencia eterna de amor y de romances, con Penélope tejiendo una leyenda y la camisa de Ulises, todos los mediterráneos conocidos en el arte y las letras, en la música y la pintura, en la filosofía y la leyenda, una marea de culturas lamiendo en la geografía nombres eufónicos de estrechos y de pájaros. Estas horas que se anuncian, en cuanto el primer rayo de sol ilumine los perfiles de la costa y empiecen a sonar las guitarras, serán una confirmación de la identidad común y de la solidaridad de pueblos dispares compartiendo el perfume del azahar y de la danza, que son una misma cosa. Traerán las olas los versos helénicos, y una brisa recién despierta hará temblar las palmeras y los corazones. Moverá este mar sus caderas con la suave marea en cuanto se oiga un pandero, todos improvisarán palabras hermosas de amor y de amistad y entrelazarán sus pies en un compás universal, y el Mediterráneo, tan interior como le parece, se exteriorizará abriendo sus brazos de espuma para recibir el homenaje misterioso. Y ya no habrá ni noche ni día, habrá un fulgor, una comunicación, un canto general, un redoble de palmas y de almas, y el gozo de vivir lo exaltarán los gestos, siendo a la vez el Mediterráneo humano y divino en cada criatura.