El Mediterráneo fue cuna de civilizaciones, puntos de encuentros y desencuentros en la historia de la humanidad, de desarrollos y fracturas de civilizaciones diversas. El Proceso de Barcelona en 1995 y su continuidad, la Unión por el Mediterráneo en 2008, surgen para alcanzar el objetivo de hacer de la cuenca mediterránea un ámbito de diálogo, intercambio y cooperación que garantice la paz, la estabilidad y la prosperidad. Para ello es preciso consolidar la democracia y el respeto de los derechos humanos, lograr un desarrollo económico y social sostenible y equilibrado, luchar contra la pobreza y fomentar una mayor comprensión entre las diferentes culturas. Pretenden ambos tratados suplantar el bilateralismo en las relaciones Euromediterráneas, por una cooperación global, solidaria y multilateral.

Se basan en tres aspectos esenciales:

  • El componente político y de seguridad, que tiene por objeto definir un espacio común de paz y estabilidad;
  • El componente económico y financiero, que debe permitir construir una zona de prosperidad compartida;
  • El componente social, cultural y humano, que está encaminado a desarrollar los recursos humanos y a favorecer la comprensión entre culturas y los intercambios entre sociedades civiles.

Es decir, avanzar a una configuración de estados democráticos con progreso social, que sea la base de una ciudadanía Euromediterránea, una ciudadanía que preserve la identidad multicultural, basada en el respeto de los derechos humanos ( especialmente en lo que hace al respeto de los pluralismos y multiplicidad de identidades existentes), el diálogo y alianza entre civilizaciones, la armonización de los flujos migratorios y las políticas de integración hacia los mismos y caminar hacia una cohesión económica-social regional.

Junto a las iniciativas de coexistencia, paz y entendimiento entre los pueblos de la zona. Es importante el diálogo intercultural e interreligioso, el mutuo cocimiento entre las culturas y sobre todo la participación activa de la sociedad civil y sus organizaciones. Este último, un punto por demás original de esta iniciativa.

Hace poco me preguntaron en un debate sobre ciudadanía, quién era " la gente" y cómo se definía su presencia en el espacio político del neomodernismo.
En principio, entendí prudente responder con una consideración etimológica. Gente deriva del latín Gen o Gentis, que significa familia o tribu y se refiere a una pluralidad de personas.
También señala los distintos conjuntos, en que se distingue una sociedad, estos necesitan justamente de un espacio para comenzar a actuar, a ser actores sociales que devengan actores políticos para pasar de la interacción social, a las prácticas discursivas de transformación.

Recordé entonces, el aporte de Habermas sobre el "espacio público", como aquello que está entre la sociedad civil y el estado. Es un espacio simbólico, que se construye con los entrecruzamientos discursivos, con valores actitudinales múltiples, con los enfrentamientos y concordancias de estos. Es el entretejido que contextúa a todos los ciudadanos, legitimando su posición de tales emancipados así, de los discursos e ideologías predominantes.

En el concepto neomodernista, es importante reforzar esta categoría pues de ahí surge la posibilidad ampliatoria de las representatividades y las inclusiones de colectivos, que no necesariamente se están expresando a través de los partidos políticos y los entes estatales.
Público, deriva del latín y significa "de todos", contrario a lo excluyente, restringido e inexpresivo. Es entonces, donde aparece de nuevo la "gente", generando opiniones y proyectos más inclusivos. El tercer Item de la Declaración de Barcelona: "Colaboración en los ámbitos social, cultural y humano: desarrollo de los recursos humanos, fomento de la comprensión entre las culturas y de los intercambios entre las sociedades civiles", expresa claramente estas consideraciones en su letra. El concepto de ciudadanía mediterránea es un punto no menor a comentar.

Frente al ethos mundializado, este concepto permite al sujeto social y político, recuperar la soberanía sobre su entorno y condiciones, también puede articular un discurso propio en su colectivo de referencia y restablecer la dimensión de lo público.
Lo ciudadano, garantiza el futuro de la democracia. Solventa la seguridad jurídica y la eficacia del estado administrador, la soberanía del estado territorial, la identidad colectiva y la legitimidad democrática del estado nacional. Es apreciable este desarrollo, en el Item mencionado.

Tres puntos originales: la sociedad civil como actor privilegiado del diálogo, los colectivos diversos coexistiendo en un mismo entretejido discursivo y el concepto de ciudadanía dando soberanía a los actores sociales y políticos en una propuesta inclusiva y plural, como así transcultural y transnacional.

Creo que es todo un desafío en una iniciativa regional, cuando la propuesta última es justamente la Alianza de Civilizaciones. Un discurso de integración regional que aporta a lo universal.